Larvarico y la bofetada monstruosa

Había una vez un estrambólico que se llamaba Larvarico. Tenía los brazos azules y los ojos como un caracol también de color azules. Parecían dos bombillas. Igual que sus manos.

Larvarico no tenía piernas, andaba con los brazos.

Un día se fue a dormir temprano. Dormía y dormía como trampintón, un monstruo que tenía un anillo de búfalo en la nariz, cuando, de repente, se despertó y levantó una mano rápidamente.

– Hay nubes por todos lados, no veo nada – dijo el estrambólico.

En ese instante, comenzó a mover sus ojos de bombillas y las nubes desaparecieron.

Cuando se fueron las nubes, apareció un cartero que le lanzó una carta hacia su puerta. Larvarico cogió la carta. Era de su amigo Pezonio. Se puso muy contento. Cuando la abrió pudo leer:

“Hola amigo, me he perdido en Malasia, me han atrapado unos malditos raspñacas y me han atado de pies y brazos con cuerdas rubosas. Ven a buscarme, por favor. Me quieren dar una bofetada monstruosa y no voy a poder sobrevivir. Ayudaaaaaaa!!!!!”

– Madreeeee!!! Voy a buscar a Felpudico para que me acompañe a salvar a Pezonio – dijo Larvarico.

Al llegar a la casa de Felpudico vio que estaba jugando con el ordenador.

– Socorroooo Felpudico, unos raspñacas de Malasia han atrapado a Pezonio y hay cinco gusanos gigantes a punto de atacarlo. Rápido, tenemos que ayudarlo antes de que le den la bofetada monstruosa – dijo Larvarico muy nervioso.

Los dos amigos fueron a Malasia en su coche. Como el camino era muy largo, el coche se estaba ahogando. Cuando llegaron, a Larvarico le quemaban los brazos y a Felpudico le caían gotas de sudor por la cabeza. En Malasia hacia una calor que pelaba.

– No te preocupes amigo, parece que va a llover y se irá el sol – dijo Larvarico a Felpudico.

Tras una gran tormenta, dejó de llover y los dos amigos fueron a buscar a Pezonio. Anduvieron durante mucho tiempo por unos terrenos de arenas blandas por la lluvia. Después de 4 horas llegaron al lugar donde estaba Pezonio.

– Ahí está Pezonio, qué emoción!! – dijo Felpudico.

Larvarico fue corriendo a quitarle las cuerdas y consiguió salvar a su amigo Pezonio. Los raspñacas, cuando se dieron cuenta, se enfadaron mucho.

– Tirad latas de aceitunas negras!! – gritaba el rey raspñaca.

– Vale, vamos a buscar las aceitunas negras y las verdes – dijo raspñaca baba.

Mientras los raspñacas buscaban las aceitunas, los tres amigos consiguieron escapar y lo pasaron genial juntos.

– Qué emocionante, hemos salvado a Pezonio – dijo Felpudico.

Continuará…

Sergitok Gómez Quinterillo y papá (21 de abril de 2018)

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