El espinosaurio Rubén se pierde en el bosque

Rubén estaba perdido en el bosque con sus amigos el anquilosaurio Roberto y el deinosuchus Alberto.

– Oye, estamos perdidos – dijo Roberto con voz de asustado.

– ¡No me digas! Pues yo quiero ir con mi mamá ovirraptor – berreó Rubén.

– No os preocupéis, estamos a punto de encontrar a nuestras familias – dijo Alberto para tranquilizar a sus dos amigos.

Mientras andaban iban jugando a la pelota. De repente, vieron algo raro. Los tres se asustaron y se escondieron detrás árbol muy grande. Al rato, de los matorrales aparecieron setenta y dos utahraptors. Unos dinosaurios muy raros, tenían plumas en la cola y en los brazos, y eran unos magníficos cazadores.

– ¡Cómo vamos a escapar de aquí! – dijo temblando Roberto.

– Seguro que nos comerán a los tres – comentó Rubén.

– Tranquilos, tenemos que irnos de aquí muy despacito sin que nos vean. Cuando estemos un poco más lejos, saldremos corriendo y pediremos ayuda ¡Está todo controlado chicos! – volvió a tranquilizar Alberto. Además, con mi poderosa cola puedo dar grandes golpes – continuó diciendo.

Roberto y Rubén hicieron caso a su amigo y lograron escapar de esa situación.

Los tres chicos siguieron andando en busca de sus familias y llegaron a un sitio horrible. Otra vez estaban en peligro. Unos dracorexs empezaron a correr detrás suya.

– ¡Parad chicos! No vamos a haceros daño – gritaron los dracorexs

– Yo no me fio ni un pelo. Seguro que nos paramos y nos comen – dijo Roberto.

– Seguro que sí, nos están mintiendo – dijo Rubén.

– A lo mejor nos ayudan a encontrar a nuestras familias – comentó Alberto que siempre estaba más tranquilo.

Roberto y Rubén hicieron caso a su amigo y dejaron de correr. Cuando los dracorexs llegaron dijeron:

– ¿Qué os pasa? ¿Por qué corréis tanto con esas caras de asustados?

– Es que estamos perdidos en el bosque y queremos volver con nuestras mamás y papás – dijo Rubén con lágrimas en los ojos.

– Bueno, subid en nuestras espaldas que nosotros os ayudaremos a encontrar a vuestras familias – dijeron los dracorexs.

Y así fue, cada uno de los tres amigos se subieron a la espalda de un dracorex.

Muy lejos, después de correr durante más de 20 kilómetros, Rubén miró hacia la copa de los árboles y dijo:

– ¡Por aquí viven mis padres! ¡Qué alegría!

Casi al mismo tiempo se escuchó:

– ¡Rubén, cielo! ¡Por fin has vuelto! Estábamos muy preocupados por ti.

Era su mamá que se había alegrado mucho de verlo.

Y se fueron juntos a sus casas mientras Rubén contaba las aventuras que habían pasado.

De repente, sonó el despertador. Rubén dio un salto de la cama y dijo:

– ¡Menos mal que ha sido un mal sueño!

– Buenos días Rubén – le dijeron sus padres.

Después de desayunar, todos cantaron una canción y este cuento se acabó.

Sergitok Gómez Quinterillo y papá (2 de abril de 2018)

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